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Muero de Amor

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Muero de Amor

Mensaje por Rëhira el Dom Sep 18, 2016 10:51 pm


‘Le dado tiempo al tiempo, y no te olvido.’
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que había pisado aquellas tierras, sus tierras… En aquella ocasión se había ido de aquel que consideraba su hogar para descubrir nuevos territorios, pero nunca llegó a imaginar (ni siquiera se lo había planteado como un objetivo o un mero pensamiento fugaz) que también sería para encontrar a su verdadero amor. La noche de su llegada Kashim, su hermano, la esperaba – para su sorpresa – solo en el Salón del Trono, en el mismo lugar donde su aventura comenzó. Aquella noche vestía completamente diferente a como toda mujer Ardar tenía que estar, a como una mujer de la realeza tenía que vestir.
Todo el viaje desde el Imperio hasta la tribu fue en silencio. Allison no soltaba ninguna palabra, no hacía si quiera ruido alguno… siempre iba distanciada de su hermano y de los escoltas que el mismo Emperador les había dado; iba sola, con la mirada perdida mientras naufragaba en el mar de sus recuerdos. Aquellos días de viaje agradeció que Kashim no le hubiera hecho preguntas al respecto, que le haya dado su espacio… como también agradeció las noches que la contuvo cuando lloraba sin consuelo.

< Aquella noche había sido mágica para Allison como seguramente lo había sido para su compañero, o por lo menos eso es lo que ella esperaba. No es que pensó que aquel momento no llegaría, solo que nunca se había imaginado que sería con él y mucho menos aquella noche.
¿El primer día que lo conoció? Fue demasiado tímida a decir verdad, simplemente lo vio como alguien más con quien tendría que convivir durante el tiempo de su estadía en el clan, pensando que únicamente lo vería cuando todos los miembros se reunían. Pero no fue así. Durante todos esos meses que permaneció entre los Crisvector con quien más pasaba tiempo era con él, cada lugar que conoció, a cada evento que asistió siempre estaba a su lado. Al principio lo tomo como un conocido, pero después paso a ser un amigo, casi un hermano; nunca sintió que otro sentimiento de a poco se fue albergando en su corazón, no sabía el por qué sonreía y le brillaban los ojos cuando él se le acercaba, no entendía por qué con tan solo tenerlo al lado le hacía sentir bien, no comprendía por qué los nervios cuando él le hablaba o tenía que asistir a algún evento junto a él… no entendía por qué le gustaba que aquello le pasara, por lo menos no entendía que aquello que sentía por él era amor hasta aquella noche en que decidió entregarse le, que le entregó por completo su corazón y su alma.
No había sido planeado por ninguna de las dos partes, simplemente fue repentino, espontaneo; se dejó llevar por el momento, por la felicidad que venía cargando desde bastante tiempo. Después del evento ellos se habían quedado hasta que todos los invitados se habían ido, despidiéndose de Arabel a lo último ya que sabían que ahora formaría también parte de los Setan. Él la acompaño a su habitación donde permaneció un tiempo a pedido de ella ya que no quería quedarse sola… por lo menos no mientras estuviera despierta.
Sonrió cuando recordó… Ambos parados, bailando lentamente al son de una melodía que solo resonaba en las mentes de cada uno. Entonces, en aquel hermoso silencio, despego su cabeza del pecho del muchacho y la elevó para clavar su oscura mirada en los celestes ojos que ya la estaban observando y de apoco sus rostros se fueron acercando y sus respiraciones mezclando hasta que sus labios se unieron en un tierno y corto beso que pronto desencadeno otros más pero éstos eran apasionados y cargados. Él acerco más su cuerpo, como si quisiera fusionarlo con el suyo para nunca dejarla ir, ella tan solo rodeo su cuello y enredo sus dedos en su pelo mientras volvía a unir sus labios con los suyos. En algún momento la ropa quedo en algún lugar de la habitación y ellos en la cama. >


´Dicen que he cambiado, desde que te has ido.´
 Desde que llego a la Tribu no salió de su habitación, se había encerrado, quería estar sola, aislada del mundo. Y se mantuvo así, acostada en su cama, hecha un ovillo y con la mirada perdida clavada en algún punto de la pared, por mucho tiempo; no respondía a las voces que estaban del otro lado, en el pasillo, ni siquiera salía para comer… y esto duro muchos días hasta que, inevitablemente, enfermo.
Después de las altas temperaturas decidió salir por fin al exterior, volvió a ingerir alimentos y agua, pero su estado de ánimo seguía igual. Ya no era aquella joven que uno veía pasar trotando por las calles de la Tribu, no era aquella Allison de mirada expresiva y brillante, cálida y comprensiva, había dejado de ser la famosa hija del Arrajnord completamente amistosa, simpática, alegre y llena de optimismo que siempre veían los habitantes de la tribu y que llamaba la atención de todo joven que se cruzara con ella. Ahora tan solo era un cuerpo que se movía por pura inercia, alguien de ojos apagados que derrochaban melancolía y pocas ganas de vivir.

‘La esperanza ha sido mi peor enemigo, me jura que algún día vas a volver’
Y es que lo había perdido todo, había perdido su todo; aquello que le llenaba, que la hacía sentir bien, única y afortunada. Su felicidad, sus ganas de seguir adelante, sus planes a corto y largo plazo, sus locas ideas, su sonrisa, el brillo de sus ojos, su esperanza, sus ganas de seguir luchando… todo se había ido con él, se había quedado vacía. Y se arrepentía completamente por haberlo dejado ir así sin más, por no haberle pedido que se quedara a su lado, que viniera con ella a Argrios y así estar juntos.
La puerta se abrió de repente, rápida y algo brusca chocando contra un mueble haciendo un mínimo ruido que pudo alertar a cualquiera que estuviera en la habitación. Lástima que allí, acostada y tapada hasta el cuello, estaba Allison con la mirada perdida y clavada en la pared. Entonces, tan solo por unos segundos tuvo la intención de erguir apenas su cuerpo para ver quien había abierto la puerta con la esperanza de encontrarse con aquella mirada azul eléctrica que tenía grabada a fuego en su mente. Pero no lo hizo, siguió igual escuchando apenas ruidos de pasos que se dirigían hacia donde ella se encontraba, y entonces un cuerpo se paró en frente de su campo visual bloqueandole la pared y aquel punto que llevaba viendo por días. Alzó la mirada casi obligada y se encontró con unos ojos canela que desprendían preocupación y tristeza.
– Levántate – le ordenó la Elfa con voz firme y autoritaria, la misma que siempre tenía cuando estaba en rol de mentora. – ¡Levántate eh dicho! – pronuncio con más fuerza al ver que su pupila se mantenía en la misma posición, sin reaccionar.
Y no fue hasta que Dekarha despojó a Allison de las mantas que ésta se sentó al borde de la cama, aun mirando con sus apagados y oscuros ojos a la elfa.
– Cámbiate – le volvió a ordenar con el mismo tono de voz, añadiendo un poco de frialdad en ella – te sacaré de aquí, necesitas aire… recordar que no todo siempre está perdido – añadió, esta vez un poco más dulce y compasiva.

La elfo salió del rango de visión de Allison por un momento para después volver a aparecer con ropa en la mano, un pantalón suelto y una musculosa que Amy le había traído a Allison de la dimensión humana tiempo atrás, y era con la cual la joven Ardar siempre salía a cazar o a entrenar. Dekarha se la dejo al lado y se dio la vuelta para dirigirse a la ventana y ver lo que sucedía afuera, por lo menos hasta que Allison termino de vestirse.

‘Tu aroma sigue vivo, sobre mi piel’
 Ya se encontraban fueras de las murallas que separaban la civilización de la naturaleza, habían estado caminando por hora y media dentro del Bosque Ûdhier, al principio en silencio pero después con algún que otro intercambio de palabra que pronto se convirtió en charla, una charla en la cual Allison le contaba sobre él y sus mejores momentos, incluso el bosque y la elfa se guardaron la imagen de aquella pequeña y casi imperceptible sonrisa que asomó en los labios de Allison cuando conto aquellos sucesos que marcaron la vida de la joven. Dekarha miraba atenta a su alumna y seguía los movimientos que los brazos y las manos de ella hacían, por dentro se alegraba porque sabía que de apoco Allison volvería a ser la de antes o por lo menos a media.
Fue entonces que frenaron cuando llegaron a la extensa pradera, allí donde tiempo atrás Allison se la pasaba entrenando y aprendiendo a manos de Dekarha, en donde la hija del Arrajnord Hodnê cazó por primera vez y con gran éxito. Los ojos de Allison recorrieron todo el lugar y a su mente le vinieron recuerdos de aquellos días en los cuales entrenaba con el único objetivo de poder matar a la Bestia de Ûdhier.
– ¿Qué hacemos aquí? – preguntó entonces sin siquiera observar a su tutora.
– Cazar – fue la respuesta que obtuvo.

 Tal vez eso quería hacer la Elfa… no, tal vez no, simplemente quería hacerlo, quería distraer a Allison, sacarla de su cueva y de su ensimismamiento, quería hacer que recordara lo hermoso que era cazar, lo hermoso que se sentía correr con la adrenalina recorriéndole el cuerpo, quería que se desconectara de su mente por lo menos por un tiempo, que volviera a ser ella por unas pocas horas. Y lo consiguió. Tanto tigresa como guepardo se encontraban agazapadas en la alta hierba con la mirada fija en un Yeg’usdzi hasta que una salió corriendo hacia la bestia dando la señal.
Fue después de unos minutos que Allison freno dejando escapar al Yeg’usdzi algo que tomo verdaderamente por sorpresa a la tigresa.
– Vamos Allison, se escapa – habló Dekarha nuevamente autoritaria, no quería que la joven frenara, si lo hacía ésta volvería a cerrarse y se iría nuevamente a su habitación. – Ahora – volvió a ordenar.
– No me siento bien – articuló entonces a lo que Dekarha reaccionó alzando las orejas algo alerta. Entonces Allison tomo nuevamente su forma humana y se volteó con rapidez ante de devolver gran cantidad de comida y jugos gástricos.

Dekarha, ya siendo nuevamente un elfo, se apresuró en tomar entre sus manos el pelo de su aprendiz ya que las arcadas no paraban y de vez en cuando volvía a vomitar. Estaba nerviosa y desesperada, no entendía por qué motivo le estaba ocurriendo aquello y justo en aquel momento cuando habían pasado varios días de su enfermedad. Y entonces, solo para empeorar la situación, Allison sintió como algo se removió dentro suyo, en su vientre.
Al principio estaba completamente asustada, no entendía por qué le estaba pasando aquello, justo allí, en medio del bosque alejada de la tribu. Quería gritar y llorar a la vez, la adrenalina ya no recorría su cuerpo si no que era el miedo. Entonces, después de un largo momento de silencio en el cual tan solo podía ver como Dekarha buscaba una lógica a lo que le estaba pasando, una estúpida y completamente descabellada posibilidad se implanto en su mente, primero había sido un eco demasiado lejano, luego un susurro que el viento transportaba, como si fueran las palabras de la Diosa Netikerty, algo que la puso en alerta y que hizo que empezara a atar cabos, y a lo último fue una imagen que abarcó por completo su pensamiento y llamo su atención, era el resultado de la idea. Inconscientemente alzó ambas manos y las llevó a su cuello, esta vez recordó aquella noche, su noche mágica, y empezó a recorrer con sus manos cada lugar en donde él le había plantado un beso, sintiendo presión y calor justo allí en donde su mano se posaba, sintiendo su presencia, su calor, su aroma, y así siguió hasta que ambas manos acabaron en su vientre y nuevamente sintió como algo se removía allí dentro. De repente sus ojos se iluminaron, su cuerpo ya no temblaba, ya no era presa del miedo y la desesperación; esta vez estaba absorta, aun le seguía dando vueltas a la idea que ahora empezaba a cobrar sentido y que no parecía tan descabellada ni estúpida. Arrastro su mirada hacia donde estaban sus manos y la dejó allí; ahora no solo tenía una sola cosa que le iba hacer recordar a aquellos hermosos días que pasaba junto a él, ahora aquel anillo que descansaba en su dedo anular no iba a ser su único recuerdo… ahora tal vez iba a tener algo más que simples palabras para tener nuevamente esperanzas, ahora iba a tener algo por lo que luchar, algo por lo que vivir.

Rëhira
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