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El Génesis del CAOS

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El Génesis del CAOS

Mensaje por Rëhira el Sáb Sep 23, 2017 12:51 pm

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Re: El Génesis del CAOS

Mensaje por Rëhira el Sáb Sep 23, 2017 12:52 pm

~Ashan 1062 ASD

•ÁTYCHOS•

Ya habían pasado dos años desde el inicio de la Séptima Guerra de Luna Sangrienta y aún no lo podía creer; al parecer todo lo que pasaba a su alrededor no era suficiente como para que entrara en razón. Ciudades quemadas y arrasadas reducidas a cenizas, demonios por todas partes, luchas, enfrentamientos y muerte, todo eso y más pasaban frente a sus ojos pero seguía sin creerlo, parecía pérdida.
Se había perdido dos años completos, Ledroit se había salido con la suya por un largo tiempo y aquello iba a proseguir y ser perfecto si no hubiera sido por Sótiras. El anuncio que Asha les había dado a todos fue lo suficientemente fuerte como para romper el hechizo, y no bien ocurrió sintió como la otra mitad del alma que albergaba dentro suyo se abría paso en ella hasta tomar un control parcial de su cuerpo.
La joven gruño disgustada y completamente enojada mientras un Largo de mi cuerpo le seguía con un tono autoritario y de temer. Pero entonces sus ojos, uno verde y el otro plateado, se abrieron de par en par y se clavaron en un punto fijo de la habitación para observar a la nada mientras dentro de su cabeza empezaban a desfilar una tras otra las imágenes de la Guerra junto a varias voces que preguntaban por ella.

- ¿Te irás? - una voz masculina sonó a su espalda en el mismo instante que se cambiaba, provocando que diera un pequeño salto en su lugar completamente sorprendida: no lo había sentido ni escuchado llegar.
La castaña se volteó y clavo su verde mirar en los ojos azules que no perdían de vista ninguno de sus movimientos.

- Debo hacerlo - le respondió con simpleza sin agregar más mientras se recogía el cabello en un rodete - cuando todo acabe volveré, lo prometo - le dedicó entonces una de sus más francas, hermosas y encantadoras sonrisas.
Se acercó al hombre y le depósito un beso lento, dulce y profundo, era con si aquella fuera la última vez que lo vería y quería llevarse el mejor de los recuerdos. Quién sabe, tal vez podía ser cierto.

Habían pasado dos días desde ese día y no bien había llegado a la dimensión los primeros en recibirla fueron un puñado de demonios, una horda integrada por Juggernauts, Cerberos y Vigilantes Astados.

- ¡Amy! - Cuando Aída la llamo la híbrida volvió en sí para ver cómo un Sabueso Infernal, que estaba a medio metro de ella, salía volando para colisionar contra el filo de una roca y quedar empalado - ¡Deja de soñar y presta atención! - le regaló la morocha mientras señalaba al último demonio que les quedaba: un Señor del Abismo.

- Rogue - La nombrada miró a la tercera mujer que las acompañaba no bien escucho que la llamaban - Junto con Aída nos encargaremos de la distracción, tu te encargas del golpe final - parecía que ya lo había planeado todo desde hacía bastante tiempo pero no, la verdad era que Ariadna, como Alexia y Koue, planeaba todo conforme avanzaba la situación, cambiando y adaptando sus tácticas todo el tiempo, y era por ese motivo que se le consideraba alguien inesperado.
Amy asistió con la cabeza completamente de acuerdo al igual que Aída y entonces la estrategia comenzó. De repente fuertes y devastadoras ráfagas de viento se hicieron con el lugar arrancando y arrastrando consigo árboles, rocas y algún que otro enemigo que se ocultaba en las sombras; todo aquello se dirigía al más poderoso de los demonios allí presente chocando con éste y haciendo que retrocediera, incluso las ráfagas eran tan imponentes que lograban a cortar la dura piel del enemigo. Al estar completamente concentrado en esquivar los objetos que volaban hacia él no se percató de que Ariadna se dirigía a su encuentro en su fase Lýdran*; para cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde pues la Kolmainsus había rasgado aún más profundamente las heridas que el viento había creado sobre el demonio depositando en ellas, y en algunos otros sectores del cuerpo del Señor del Abismo que ella había tocado, aquel transparente y viscoso líquido que surtió efecto pocos segundos después, inmovilizando al enemigo desde la punta de sus pies hasta sus hombros.
Esa fue la señal, en ese preciso instante la Dama Antigua extendió sus brazos con las palmas al descubierto y señalando al demonio. Se pudo sentir entonces como éste empezaba a chillar de dolor, tan fuerte que provocaba dolor de cabeza a quien lo escuchara. Aún así Amy flaqueó, sintió de repente como el malestar se abría paso por su cuerpo y como la energía empezaba a faltarle, percibió con asco ese revoltijo en su estómago y como un nudo se le formaba en la garganta. Ni ella misma lo supo, pero de alguna forma y de algún lado consiguió la fuerza necesaria como para acercarse al demonio y aferrarse a uno de sus inmensos brazos para drenarle toda la energía, separándose solo cuando vio que éste ya no tenía vida.

La espada Daímona atravesó unas cuantas veces el cuerpo de los enemigos caidos, Ariadna la blandía y quería cerciorarse de que estuvieran muertos verdaderamente para así no llevarse después una desagradable sorpresa.

- ¿Que te ocurrió? - La voz de Aída llegó a los oídos de la híbrida en un susurro del viento.

- No lo sé, solo perdí la estabilidad por un momento - le respondió, bajo y casi inaudible pero sin preocuparse pues sabía que la respuesta llegaría hasta su vieja amiga.
Y así fue, pues no bien acabo la frase Aída llegó a su lado y le clavo sus oscuros ojos negros para examinarla de pie a cabeza, con cuidado y minuciosamente, antes de atajarla con uno de sus brazos para que no colisionara contra el suelo.

- Hay que descansar. Tienes que descansar - Murmuró entonces La Esclava firme y autoritaria antes de dejar a Amy en el suelo y sentarse a su lado para cuidarla... Eso le traía viejos y dolorosos recuerdos a ambas.
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Re: El Génesis del CAOS

Mensaje por Rëhira el Sáb Sep 23, 2017 12:56 pm

Estaban demasiado apuradas, se notaba, era visible y no solo eso, también se podía ver en sus rostros la desesperación y ansiedad, necesitaba llegar cuanto antes o si no todo habría sido en vano.

- Amy, hay que para - hablo Aída, fue más una sugerencia hacia su amiga a quien veía preocupada.

- Estoy bien - fue su última respuesta antes de aumentar la velocidad adelantándose unos cuantos metros.
Aquellos últimos cuatro días no habían sido de su agrado. Por culpa de ella, o eso creía, y su maldito malestar que la había inhabilitado por completo tuvieron que mantenerse estáticas en un solo punto sin poder aportar su ayuda en la guerra; y era por ello que ahora la Hibrida no quería parar, porque sabía que si lo hacía nuevamente la invadiria el mareo, y no podía darse el lujo de perder más tiempo, aún cuando podía sentir, de vez en cuando, su estómago en la garganta.

- Todo fue en vano - se pudo escuchar. Las tres se habían detenido abruptamente su intensa marcha cuando notaron el humo a lo lejos. Caminaron lento, recobrando la energía, y con el miedo palpandose en el aire; no querían llegar pues temian lo peor de lo peor. Y así fue, sus ojos se abrieron de par en par atonitos y desorbitados, quedaron clavadas en el suelo cuales estacas y su respiración súbitamente paro sumiendo todo en un pesado e incómodo silencio que aumentaba conforme admiraban aún más el panorama.

- No puede ser - soltó de repente la pelirosa sin poder salir de su asombro. Fue la primera en reanudar la marcha introduciéndose a las ruinas de lo que alguna vez fue la ciudad libre de Asherrû.

Todo era escombros y cenizas, apenas si se podían distinguir algunos cuerpos, o bueno... Lo que quedaban de estos. La ciudad libre estaba incinerada, ya no había nada en pie, y en donde antes estaba el templo Kultrui ahora solo había un espacio vacío con un enorme círculo negro. Recorrieron en silencio la calles desiertas buscando algo o a alguien que les dijera lo que había pasado, o mejor dicho para que se lo confirmarán pues bien sabían las tres que aquello fue obra de un inmenso ejército.

- Allí - Aida señaló un pinto específico, un lugar donde había en pie apenas una pared semi destruida de lo que anteriormente fue una casa.
Las tres Kolmainsus se dirigieron al punto señalado a gran velocidad y quedaron aun más sorprendidas antes de que la tristeza las embargara. Mantuvieron el silencio solamente por respeto antes de entonar las tres una oración fúnebre en el idioma del clan, pues allí se encontraban los cuerpos de los tres hermanos con sus manos entrelazadas y el hombre sobre las dos mujeres en un intento de protegerlas; Tamorr, Cassia y Marina ya no seguían entre ellos.
Los revoltijos de su estómago rápidamente fueron opacados por la ira que se instaló dentro suyo, el motor que le llenó de fuerzas y energía. La Hibrida apretó sus puños mientras desviaba la mirada hacia otro lado y empezaba a caminar, alejándose de la escena.

- Teníamos que protegerlos, nos habían encomendado esa misión. ¡Íbamos a ser el apoyo! - vocifero la Dama Antigua intentando contener sus temblores, culpandose en su interior por haberse retrasado.

Tomo aire mientras llevaba sus manos a su vientre e hinchaba el estomago, cerro sus ojos e intento serenarse, despejar y aclarar su mente, sabía que si seguía así de nada serviría. Entonces se escuchó una explosión a lo lejos llamando la atención de las tres mujeres que no dudaron en acudir al lugar, pero no había nada ni nadie.

- ¡Es una emboscada! - Alertó la mayor de las tres desviando con una fuerte correntada de aire unas navajas que estaba prendidas fuego.
Pegaron espalda con espalda y cada una tomo una posición que oscilaba entre la defensiva y ofensiva, sus ojos observaban hacia todos lados buscando el más mínimo movimiento, dirigiéndose al lugar de donde provenía el ruido que sus oídos, cuáles radares, captaban. Todos sus sentidos estaba a flor de piel, agudizados incluso más de lo que solían estar; sus músculos por otra parte estaban rígidos, tensos y duros, todo su cuerpo estaba alerta, a la espera de cualquier cosa: un ataque, movimiento, lo que sea... Estaban listas.
Y el atacante no se hizo esperar más. De entre los escombros y tapados por el humo, salieron una docena de Imps pero aquello no fue lo que causó el asombro en las tres damas. Siguiéndolos a ellos había un pequeño grupo de escuderos posicionados de tal forma que les impedían la huida, tapaban cualquier hueco por el cual pudieran escapar, pero allí no acababa el asunto; no solo había demonios y humanos cooperando juntos, también habían Elfos los cuales se encontraban apostados en lugares altos apuntándole con sus flechas, Orcos y Nagas, era un pequeño ejército y por alguna extraña y temida razón las tres Kolmainsus sabía que aquello no era nada, que el grueso estaba por llegar.
Atacaron simultáneamente con una velocidad, agilidad y coordinación que asombraba, cada unas sus que hacer perfectamente y no dejaba que nada las distrajera o se interpusiera en su camino. Aída aprovecho el humo y polvo que aún volaba a su alrededor para crear una cortina que las camufló; Ariadna la aprovecho y fue directamente hacia los arqueros Elfos, tocando los con aquel líquido que había dejado emanar de sus garras, inmovilizandolos de pies a hombros, y Amy se encargó de los Nagas tan fácilmente que para cuando la cortina de humo y arena que las protegia desapareció tan solo quedaban los Demonios, Humanos y Orcos.
Por un momento dejaron de moverse y volvieron a unir sus espaldas, cuidando sus flancos, observando a los restantes enemigos, defiendo que hacer y que no, pero aquello se vio interrumpido cuando uno de los Orcos atacó, dividiendo al grupo por completo.

- Ariadna cuidado - no bien la escucho la nombrada giro justo a tiempo hacia Aída para poder esquivar casi por los pelos la espada de uno de los caballeros - Están cubiertos por sangre de demonio y encantada para que la sangre no la dañe - les advirtió la mujer.
Quién sabe cuánto pasó ¿Minutos? ¿Horas? En ese momento el tiempo había dejado de ser algo importante para las tres mujeres, lo había desplazado a un segundo plano, ahora su atención la había depositado en un sol objetivo: aniquilar a sus enemigos. Cuando vieron al último Orco caer al suelo ya sin vida fue que se permitieron descansar, tomarse un respiro y recargar las energías; se veían agotadas, sentían que ya no daban más y que en cualquier momento caerían rendidas, pensaba que por fin iban a tener un momento de paz y tranquilidad. Cada una se sentó en el mismo lugar donde antes estuvieron paradas, separadas entre sí por un par de metros; Amy miraba a su alrededor mientras intentaba recomponer el aire y la compostura, se sentía tan mareada, ya débil, cerro los ojos completamente relajada y entones sucedió. El grito que soltó repentinamente asustó a sus compañeras alertando-las enseguida, haciendoles creer que habían llegado más enemigos hasta que la vieron revolcándose en el suelo boca abajo. Era espantoso, aterrador y cargado de dolor, resquebrajaba el aire y generaba escalofrío a quien lo escuchara pues parecía provenir de alguien que estaba siendo torturado y que agonizaba en el proceso. No podía hablar, tan solo gritas hasta el punto que incluso su garganta dolía pero no podía parar, sus ojos estaban cerrados con fuerza y aún así de ellos salían sin parar miles de lágrimas. Su cuerpo se retorcía por el dolor mientras que con sus manos rasgaba parte de su prenda, rasguñando su espalda hasta el punto de lastimarse ella misma, y aún así aquello no mermaba absolutamente en nada su dolor.

- ¡Quema! - logro decir en uno de sus gritos mientras era inmovilizada por Ariadna.

Aída rasgo la tela y abrió sus ojos atónita al verlo: la sangre negra y espesa caía por la espalda de Rogue desde una importante herida que había sido tapada, o por lo menos esa había sido la intención, por aquel enorme tatuaje de la cruz de Anj unida al ojo de Horus, siendo custodiada por la cabeza de Anubis por un lado y la de Bastet por el otro, que ocupaba toda su espalda. Cuando Amy soltó otro grito agonizante Aída reacciono y rasgo una parte de su vestido para limpiar la sangre; cuando la paso por la herida pudo notar que está hervía de fiebre y que en verdad era profunda, le daba impresión y la vez curiosidad pues nunca antes había visto cosa igual y le llamaba mucho la atención como también aumentaba su preocupación, el sangrado no paraba, cada vez a cada segundo que pasaba aumentaba más y la sangre estorbaba más espesa, incluso empezaba a carcomer la piel de Amy comisión fuera ácido reaccionando a algun metal.
De repente los gritos cesaron, Amy dejo de luchar inútilmente contra Ariadna, quien la tenía apresada entre sus brazos, y mágicamente la sangre oscura fue dejando de fluir hasta que la herida se terminó por cerrarse y enfriarse para perderse nuevamente entre el tatuaje. El silencio reino nuevamente en el lugar siendo interrumpido de vez en cuando por los sollozos de la dama antigua, quién intentaba recomponerse mientras sus dos compañeras se mantenían alerta observando el entorno por si el enemigo aparecía - no les extrañaría, pudieron haberse guiado por los gritos de Rogue - y de vez en cuando a Amy, pues temian que le volviera a pasar lo mismo. Estaban confundidas, aturdidas, se miraban launa a la otra en busca de respuestas a sus mudas preguntas ¿Qué le había pasado? ¿Por que había empezado a sangrar de esa manera? ¿Y por qué sangre negra? Pero sabían que no obtendría respuesta a no ser que la afectada hablase, y en ese momento no podía.
Los días corrieron y nada pasaba, no habían indicios de algún nuevo ataque o emboscada, no había peligro a su alrededor y lo agradecieron con todo su ser, pues aprovecharon ese momento para descansar.
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Re: El Génesis del CAOS

Mensaje por Rëhira el Sáb Sep 23, 2017 12:58 pm

El sonido lejano de una nueva explosión fue lo que la despertó y a ello le siguió la voz de Urgash dentro de sus cabezas informando sobre el asunto. Sin esperar otro segundo las tres mujeres se levantaron de sus respectivos lugares y emprendieron la marcha lo más rápido que sus fatigados y adoloridos cuerpos le permitieron; tenían que llegar cuanto antes, al parecer los Demonios están causando estragos en Jadhar y si no se apuntaban otra Ciudad Libre quedaría reducida a escombros y cenizas.
Nunca llegaron.

- ¡Aída! - la nombrada no tuvo tiempo para reaccionar, simplemente sintió como la tomaban desde atrás, parando abruptamente su carrera, y la hacia retroceder justo a tiempo cuando unas bolas de energía impactan en el suelo donde ella había estado segundos antes.
Las Kolmainsus alzaron la cabeza y siguieron el trazado invisible que había dejado el ataque hasta llegar al lugar de donde provenían. Magos, se trataban de Magos que les impedían el paso junto a un grupo de Demonios y Elfos Oscuros; una de ellas gruño por lo bajo mientras contaba a los enemigos, estaba harta y cansada pero sabía que aquello no terminaría, que la guerra estaba demasiado lejos de su fin, recien estaba iniciando.
Atacaron a los Magos inicialmente, eran los más importantes y poderosos en el grupo, capaces de hacer varias cosas a la vez, pero los Elfos Oscuros con sus flechas y dagas envenenadas le hicieron un poco más lento el trabajo pues tenían que esquivar las o estarían perdidas. El enfrentamiento no se extendió por mucho tiempo y una vez culminaron el trabajo decidieron seguir camino, pero esta vez volando.
Las inmensas e imponentes figuras de los dos dragones, rosado y negro, se extendían en todo su esplendor sobre el cielo oscuro cubierto de nubes negras y bajas que tapaban el sol desde hacía varios días, sumiendo a Ashan en una oscuridad constante en donde ya no se podía saber con precisión cuando era de día y cuando de noche. Desde las alturas pudieron ver todo el territorio que que estaba bajo sus pies, como un libro abierto esperando a ser leído; bosques quemados, ciudades arrasadas y reducidas a nada, cuerpos sin vidas esparcidos por todo el suelo, tierras ardiendo en llamas, e incluso alguna que otra agrupación de de criaturas que estaba yendo al encuentro con sus enemigos. Allí arriba todo era paz y tranquilidad pero también tristeza y dolor ya que todo era visible, nada podía ser ocultado.
Entones sus ojos lo vieron: una masa enorme y viva que se movía en dirección a ellas desde la tierra, era como si de repente el océano hubiera ganado terreno inundado la tierra y devorando todo a su paso sin piedad ni misericordia. No sabían que hacer si atacar o no pues desconocían si se trataba del enemigo o aliado, más la respuesta no se hizo esperar. Una inmensa bola de energía se dirigió hacia las tres Kolmainsus la cual lograron esquivar sin ningún problema pero estalló atrás suyo y la ola de calor y energía las arrastró hacia el suelo con demasiado poder, haciendo que colisionaran contra este y barrieran la zona creando un profundo surco tras de sí. Ariadna y Aída pasaron nuevamente a su forma humana y pronto se vieron rodeadas.
Su sorpresa las dejo sin aliento y con la incapacidad de moverse o reaccionar, simplemente aún no podían creerlo ¿Cómo era posible? ¿Magos, Humanos, Elfos, Nagas, Orcos, Elfos Oscuros, Enanos, Nigromantes luchando junto a los Demonios para sacarlas? ¿Por qué? ¿Cual era el motivo, su necesidad de traicionar-les de esa manera?¿Cómo podían?

- ¿Les gusta mí ejército? - una voz cavernosa y distorsionada se abrió paso en el repentino silencio que se había hecho. Las tres Kolmainsus pudieron sentir como sus cuerpos empezaron a temblar, sus pelos de erizaban y el miedo se adueñaba de ellas.
Imposible pensó la Hibrida con los ojos abiertos de par en par inyectados de terror. Conocía perfectamente esa oscura y profunda voz que lograba hacer temblar incluso a las montañas, la había escuchado con anterioridad y conocía perfectamente a su portador pues era el responsable de aquella profunda y negra herida que nunca llegó a cicatrizar del todo y que, en ese momento, le estaba empezando a quemar de nuevo.
Amy volvió a caer al suelo cediendo al dolor, quejándose y reprimiendo los gritos que empezarán a alojarse en su garganta. La sangre negra y viscosa volvió a emanar de la cicatriz manchado aún más su prenda, aunque también empezó a salirle de la nariz y los oído, incluso la escupía cuando se aglutinaba en su boca. Sus compañeras aterradas no pudieron hacer nada más que mirar, el miedo que le infundió aquella voz y el aura aplastante y sofocante las dejaron petrificadas.
Entonces apareció. Abriéndose camino entre su ejército, con paso firme y seguro llegó al frente de las tres mujeres. No podían creerlo, no querían creerlo para nada porque sabían que eso significaba una cosa: iban a perder la guerra; pero era imposible, aunque quisieran convencerse de que se trataba de una pesadilla sabían que era todo lo contrario, toda ilusión de victoria desapareció cuando el hombre vestido de su afamada y legendaria armadura roja, hecha de escamas del primer dragon carmesí, se plantó en frente suyo y las escudriñó de pies a cabeza con esos ojos color fuego que se ocultaban tras el casco lleno de cuernos.
Una risa metálica y distorsionada se escuchó en el lugar congelando el aire y a las mujeres, quienes no podía hacer otra cosa que observar a Misáianes con tanto terror que lo único que producía en el Overlord Uram era regocijo y deleite.

- No lo escuchen, blinden todo lo que puedan sus mente. Tiene el poder de la influencia por la palabra, si se llegará a meter en sus cabezas... Bueno, estaremos condenadamente jodidas - Tanto Aída como Ariadna reaccionaron a la voz de su compañera y asintieron secamente haciéndole caso. Amy había logrado dejar de sentir dolor y gracias a ello pudo pararse. Su seriedad y frialdad llegaba hasta sus compañeras haciendo que pudieran controlar sus cuerpos, los cuales dejaron de temblar... incluso el miedo había cedido un poco en sus miradas que se iban tornando duras e incluso desafiantes. Sabían perfectamente que el porcentaje que tenían de ganar absolutamente bajo, incluso casi nulo, pero no podían quedarse ahí sin hacer nada, no podían rendirse así porque sí, tenían que intentarlo después de todo sabían que quien no arriesgaba no ganaba, incluso cuando tenían perfectamente claro que era su propia vida lo que estaba en juego.
El juego empezó, o por lo menos eso era para el Uram: un simple y aburrido juego en el cual le iba bastante bien y era el primero de unos cuantos. Usaron todo lo que tenían pero nada servia, nada de lo que le daba, si es que le daba, lograba penetrar la dura armadura o incluso, minimamente, rasguñar-la; los fuertes y cortantes vientos de Aída arrastraron con todo a su paso e incluso herían a quienes tocaba, pero Misaianes seguía en el mismo lugar sin inmutarse, no se había movido ni un centímetro; los poderes mentales de Ariadna no funcionaban, no lo afectaban en lo absoluto siquiera podía entrar en su mente y todo debido al maldito casco... Y Amy se sentía completamente inútil: no podía, aunque se esforzara, manejar la sangre o los fluidos del cuerpo de su adversario, le era imposible y eso se debía a la armadura, incluso intento sujetarlo con sus látigos de agua e inmovilizarlo pero era inútil, no bien el liquido lo tocaba se evaporaba.
¿Qué se podía hacer en un caso como este? ¿Es que acaso no tenía alguna debilidad? No lo sabían, más por lo que podían ver no lo tenía y eso aumentaba aun más su angustia como también afirmaba una y otra vez sus pensamientos: estaban jodidamente condenadas, iban a perder, sabían, y eran algo que podían tener asegurado, que ya no les quedaba mucho tiempo, que hasta ahí había llegado.
Un gruñido bajo y gutural se pudo escuchar y Amy miro, al igual que Aída, completamente asombrada a Ariadna quien estaba en una posición ofensiva-defensiva observando a su enemigo con odio y enojo; no supieron si lo pensó o no, aunque siendo ella lo mas probable y certero fuera que no, pero la pelirosa no dudó un segundo más y se lanzó a Misáianes en su forma Lýdran con un claro objetivo: tocarlo o abrir una brecha en la armadura así su líquido pudiera entrar en contacto con su piel para paralizarlo y dejarlo vulnerable. Era de admirar la agilidad y precisión con la cual Ariadna esquivaba y bloqueaba los ataques de su oponente, sorprendía incluso a sus compañeras. Ahora pensó La Dama Antigua, en su mente no solo pudo escuchar su voz sino que también la de alguien más; cuando Amy vio una brecha estiró su mano y cuales misiles los diamantes se dirigieron al Demonio, sus ojos heterocromáticos brillaron llenos de entusiasmo mientras en su mente solo podía apreciar una sola imagen: Misáianes derrotado. Aída no se quedó de brazos cruzados tampoco, cuando vio a sus compañeras luchar y entendió que no se iban a dar por vencidas también tomo cartas en el asunto dandole mayor velocidad a los diamantes y a los movimientos de Ariadna, incluso logro, aunque sea un poco, ahogar a Misáianes al robarle oxigeno, impidiéndole que respirara con normalidad, obligando lo que se concentrara más en poder mantener una forzada e irregular respiración que en sus compañeras.
Todo era perfecto, parecía que por fin el cielo estaba aclarando, que el camino por fin se enderezo; podían sentir que la fortuna estaba andando de su lado y jugaba a su favor. Tenían que aprovechar el momento pues no sabía cuanto podía durar, por cuanto tiempo tendrían de su lado al rey y al as. Lo estaban haciendo retroceder de a poco, ni siquiera los miembros del ejercito lo podían creer lo que estaba presenciando: Misáianes estaba siendo debilitado. Lo tenían, lo sabían perfectamente, en ese mismo instante Misáianes flaqueó y Ariadna aprovecho, giró sobre sus propios talones tomando impulso y cuando volvió a tenerlo cara a cara le clavó sus garras en el pecho sonriendo ampliamente. Pero aquella sonrisa de victoria se esfumo de su rostro cuando el Demonio alzo su cabeza y le clavo sus ojos, los cuales ardían como miles de fuego tras el casco. La alegría y positivismo tampoco duraron en las otras dos mujeres cuando presenciaron que los diamantes chocaban contra la armadura del Odio Eterno y luego caían al suelo sin siquiera causarle rasguño alguno. Dirigieron simultáneamente sus miradas hacia Ariadna y quedaron petrificadas, completamente en shock y sin poder reaccionar cuando vieron que Misáianes le tomaba la muñeca escuchando a continuación todos y cada uno de los huesos de la mujer, que componían todo el brazo, desde los dedos hasta el hombro, se rompían siendo coreado por los gritos de dolor que la Kolmainsus soltaba. La reboleó sin cuidado y delicadeza hacia sus compañeras, devolviendose-la como si se tratara de un juguete que le habían regalado y no le gustó, como si fuera una simple bolsa e carne y huesos.
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Re: El Génesis del CAOS

Mensaje por Rëhira el Sáb Sep 23, 2017 1:00 pm

De repente y sin explicación aparente Aída empezó a acercarse al Overlord Uram luchando con todas sus fuerzas por retroceder, clavando sus pies al suelo queriendo impedir el avance, incluso Amy la tomo de las manos para retenerla pero terminaron por separase; era imposible no podía luchar contra aquello, era como si de repente una masa invisible y poderosa la empujara, como si el centro de gravedad en esos momentos fuera Misáianes. Cuando estuvo relativamente cerca Misáianes extendió su brazo y rodeo el cuello de la mujer clavando-le los dedos como lanzas afiladas, dejandola sin respirar, apreciando y deleitándose con aquella hermosa escena. Era inútil, cualquier cosa que hacía no era lo suficientemente fuerte como para lograr soltarse, solo podía rodear la muñeca de su oponente mientras sentía que iba perdiendo la fuerza y empezaba a notar manchas negras en su campo de visión; y entonces pasó, no pudo verlo pues pues para ella fue todo muy rápido y poco pudo entender al comienzo, pero sintió. Primero escucho como Misáianes soltaba el aire, como si estuviera sorprendido, luego sintió que la fuerza que ejercía sobre su cuello iba disminuyendo hasta que finalmente la mano desapareció y el aire volvió a llenar sus pulmones al tiempo que caía al suelo, y por último notó como algo se enroscaba en su pierna y la elevaba para después depositar-la en el suelo al lado de Ariadna.
Ambas mujeres se abrazaron y observaron atónitas a la inmensa y hermosa criatura que se alzaba imponente y orgullosa frente a ellas, protegiendo-las del enemigo al rodear-las con su reptilínea cola. Nunca antes habían visto nada igual y eran las primeras en admirar a la dragona; bien sabían que Amy tenia una forma como ellas, pero la mujer en toda su vida no había prestado el más mínimo interés en usarla, hasta hoy día. Era enorme, imponente y esbelta, derrochaba hermosura, seguridad y orgullo como todo dragón; diminutas escamas azabaches y rojas eran su blindaje, su escudo ante cualquier misil, mientras que otras aparentaban ser de un color turquesino brillante. Tres pares de cuernos rojos coronaban la parte trasera de su cabeza y uno más pequeño, y con forma de espina de rosa, decoraba la puna de su morro, mientras que desde su nuca otras más salían como si fueran agujas, expandiéndose a los lados de su arqueado y musculoso cuello, protegiendo-lo de cualquiera que osara a morderlo o tomarlo, como también se esparcían por toda su columna vertebral hasta la punta de su fina cola. Y por ultimo se encontraban sus ojos: dos esferas que en ese momento brillaba como miles de soles, de un color turquesa y sin pupila, que observaban arrogantes y fijamente al Hijo de la Muerte, el Odio Eterno derrochando furia y repugnancia, odio ilimitado y las ganas que tenía de acabar con su vida.

- Ciertamente hermosa - le admiro el Demonio ( ¿o simplemente estaba jugando?) completamente tranquilo y sereno, como si en realidad estuviera al frente de un insignificante y pequeño Geco que no le haría nada. Como respuesta obtuvo un estruendoso, poderoso y ensordecedor rugido, que podía hacer temblar hasta al hombre más valiente, por parte de la híbrida quien no dejaba de mostrar sus largos y peligrosos dientes. Misáianes siguió como si nada caminando en círculos al rededor de las tres Kolmainsus, siendo seguido todo el tiempo por los ojos de la dragona, quien se movía a la par de éste.
Entonces atacó, cuando el Demonio menos se lo espero Amy se abalanzó contra él y le clavó sus largas y afiladas garras azabaches para después alzar vuelo y arrastrarlo por todo el lugar. Era de no creer: ni el diamante, las fuertes ráfagas de viento provocadas por Aída o las garras de Ariadna le habían hecho siquiera un rasguño a la impoluta armadura de su enemigo, pero Amy había podido traspasarla hasta llegar a la piel y rasgarle lo músculos.
Con una fuerza demoledora lo aventó contra el piso para después caer en picada y esta vez tomar uno de sus pies entre sus fauces y sacudirlo en pleno vuelo de un lado a otro con demasiada brutalidad, como si su objetivo fuera despojar-lo de aquella extremidad. Pero entonces sintió un agudo dolor en un extremo de su cuello antes de notarlo también en su mentón haciendo que rugiera y liberase al Demonio, quien cayo de las alturas hasta dar contra el suelo a poco metros de Aída y Ariadna. No esperó un segundo más, y se lanzó nuevamente en picada con los ojos clavados en su objetivo, inflo sus pecho y soltó una inmensa y calurosa llamarada de fuego que oscilaba entre el color turquesa de sus llamas y un verde marino intenso, antes de desviarse al tener que esquivar uno de los ataques del Demonio.
Sobrevoló el lugar por un momento antes de aterrizar al lado de sus compañeras, gruñía de dolor debido a las dos profundas y enormes heridas que tenía, las cuales no dejaban de despedir aquella viscosa y negra sangre espesa que se perdía de vez en cuando por sus escamas. Sus turquesinos ojos estaban al pendiente de todos los enemigos que las rodeaban como también a la mancha de polvo que se había levantado cuando su fuego impactó contra Misáianes. Fue entonces que percibió aquellos objetos volando en dirección a ellas y con el tiempo justo logro cubrir con su cola a sus compañeras haciendo que las navajas se clavaran y traspasaran sus escamas generando otro gruñido por parte de la Híbrida.
La arena y el polvo se volvieron a asentar y dejaron a Misáianes a la vista. No lo podía creer ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía seguir en pié después de todo aquello? Juraba que le había dado con el fuego ¡lo había visto con sus propios ojos! De repente sintió un escalofrío recorrer su colosal cuerpo y cuando le volvió a clavar la mirada presintió que bajo ese casco había una asquerosa y arrogante sonrisa.

- Ciertamente hermosa - volvió a repetir. Amy gruñó y no lo dudo, tampoco es que se lo puso a pensar, simplemente se abalanzó hacia Misáianes con su hocico abierto con la obvia intención de acabar con aquello de una vez por todas; pero el fue más rápido y la esquivó. Clavó sus garras en el suelo, derrapó, y lo volvió a encarar esta vez más rápido - Lástima que tus hijos nunca la heredarán - y desenvainó Las Deitenes* para rasgar parte de su vientre y costado de la dragona; y todo se derrumbó.
Los gritos agudos y desgarradores cargados de dolor que profería la híbrida fueron lo que hicieron reaccionar a las dos restantes Kolmainsus que no podían salir del Shock al cual entraron no bien escucharon las últimas que había dicho el Demonio ¿Acaso era verdad? ¿Amy estaba embarazada? No bien la escucharon gritar se dirigieron a su encuentro para socorrerla, pero quedaron aun más impactadas que antes: podían ver las dos profundas heridas, la ropa desgarrada pero ninguna mancha de sangre en esa ocasión.
- Aléjense - consiguió decir La Dama Antigua pero fue demasiado tarde, una pequeña bola de energía se colo entre Ariadna y Aída antes de explotar y hacerlas volar, dejándolas inconscientes... quien sabe si ya no estaban muertas, pues ni siquiera se podía ver que respiraban.

Amy entró en pánico, no sentía a sus compañeras pero sobre todo Misáianes sabía ¿Cómo era eso posible? No podía creerlo, no cabía en sí del asombro y miedo, no se lo había dicho a nadie, ni siquiera a su mejor amiga, porque para ella hasta el momento solo había sido conjeturas, una idea vaga que iba a resolver cuando la guerra terminara ¿Y ahora él venía a confirmarse-lo? Hasta aquel momento no pudo reaccionar, por lo menos hasta que sintió como su mano se posaba y aferraba a su vientre herido y las lagrimas empezaban a brotar sin parar de sus ojos. Aterrada empezó a arrastrarse para poder llegar hasta donde estaba Aída pero entonces su cuerpo se elevo y despegó de la tierra ceca, y giró lentamente en el aire hasta quedar en frente de Misáianes; las lagrimas pronto empezaron a molestarle en la visión, haciendo que todo fuera borroso y distorsionado hasta que sintió un terrible e insoportable dolor que se posó en su vientre y estómago, un dolor que era imposible de comparar con lo anterior; sus gritos de sufrimiento desgarraron el aire generando que incluso algunos de los presentes se taparan los oídos. De repente todo fue oscuridad y dolor, ya no aguantaba más, quería que la tortura acabara de una vez.

- Descuida, se encontraran en otro lado seguramente - fue lo último que logro escuchar por parte del Demonio bajo sus gritos.
Esta vez las últimas lágrimas que brotaron de sus ojos no fueron a causa del dolor, sino que fueron porque no lo podría volver a ver, porque al final no iba a cumplir su promesa. ''Lo lamento Matt, perdóname por favor fue lo último que logro pensar antes de dejar de sentir.

*Lýdran: Combinación de palabras en griego: Lýkos (lobo) Drákos (Dragón) y Anthrópus (Humano)... Ariadna la llama así debido a que en esta fase mezcla las tres formas (lobuna, dragonica y humana) creando una sola.
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Re: El Génesis del CAOS

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